📍 El Lata de antaño: 100 casas, 1200 almas y un solo Jeep
🌅 LATIEROS: CUANDO EL PUEBLO LATÍA EN PENUMBRAS Y ESTRELLAS Una memoria viva de San José de Lata, el pueblo que se hizo grande a fuerza de partos, burros y cacho de vaca. A mediados del siglo XX, San José de Lata era un caserío de cien casas y poco más de mil doscientas personas, donde la luz eléctrica era un sueño lejano y el acueducto, una palabra de otro mundo. Dale Clic a la imagen para leer el artículo completo y por favor, compàrtelo si quieres.
Ròbinson Hurtado de Oro
5/8/20243 min read


📍 El Lata de antaño: 100 casas, 1200 almas y un solo Jeep
A mediados del siglo XX, San José de Lata era un caserío de cien casas y poco más de mil doscientas personas, donde la luz eléctrica era un sueño lejano y el acueducto, una palabra de otro mundo.
La vida transcurría entre el canto de los gallos y el silbido del viento por los montes.
Solo existía una escuela de primaria, con dos profesores que lo enseñaban todo: sumas, geografía, historia y el valor de la palabra. Quien quisiera seguir estudiando, debía marcharse. Y así comenzó el éxodo.


🧳 La Diáspora: Barranquilleras y Venezolanos
Las mujeres partían a Barranquilla a servir en casas de familia.
Los hombres cruzando la frontera hacia Venezuela, a trabajar en fincas ajenas.
A los que volvían en diciembre o en Semana Santa, se les llamaba con cariño: “los Barranquilleros” o “los Venezolanos”.
Eran los mismos, pero con otro andar.
Hoy, Lata se llena solo en fiestas. Pero de esa migración forzada, nacieron médicos, ingenieras, maestros… talentos esparcidos por el mundo, pero con raíces en el mismo suelo.
🌾 Los que se quedaron: Rosa, Tierra y Viejos
Quienes no emigraron, se quedaron “haciendo rosa” —cultivando la tierra— y cuidando a los mayores.
Se casaban entre ellos, formaban familia y sostenían el pulso del pueblo.
Ese Lata íntimo, de siembras y atardeceres, sigue vivo en la memoria de los que resistieron.


🚙 Cuando el Jeep era un lujo y el burro, un salvavidas
Antes de que llegaran los primeros Jeeps Willis —uno, luego dos o tres—, el burro era el medio de vida.
Si una mujer se complicaba de parto, si alguien era picado por una culebra o caía gravemente enfermo, no había otra opción: se ensillaba el burro y se salía a toda prisa o, se cargaba al paciente en una hamaca, de día o de noche, bajo la lluvia o la oscuridad.
👶 Zoila Yepes, la comadrona de manos sagradas
Esa mujer menuda y de andar silencioso, nunca perdió un niño ni una madre.
Atendía partos de madrugada, y si tocaba ir a una finca lejana bajo el aguacero, salía a pie, en bestia o con fe —lo que hubiera—.
Era ángel y médica sin título, pero con un don divino.


💘 Amores que sonaban a cacho en la noche
Cuando un hombre se llevaba a una mujer, se decía: “Fulano se sacó a fulana”.
Ocurría casi siempre de noche, y como anuncio, sonaba un cacho de vaca que quebraba el silencio del pueblo sin luz.
La oscuridad era cómplice de esos amores que empezaban huyendo y terminaban en familia.
💧 Agua de lluvia, jagüey y tranca
Sin acueducto, el agua era tesoro y lucha.
En invierno, se recogía la lluvia en tanques bajo los techos de zinc.
En verano, había que ir en burro a “jarrear” al pozo público.
Y cuando este se secaba —que la sequía duraba de dos a cuatro meses—, tocaba ir más lejos, a los jagüeyes o trancas, a buscar el agua para beber, cocinar y lavar.


🌿 Un pueblo que no se apaga
Hoy Lata está más solo, es cierto.
Pero cuando llegan las Fiestas Patronales, Semana Santa o el Día de las Madres, el pueblo revive con el reencuentro.
Regresan los que se fueron, y por unos días, las calles vuelven a oír risas que ya no son de niños, pero que guardan la esencia de quienes un día corrieron tras un trompo o se bañaron en el Charco Largo.
🏚️ Porque Lata no es solo un lugar en el mapa.
Es un latido.
Un olor a leña.
Un cacho que suena en la memoria.
Una comadrona que aún cuida los sueños.
Un pueblo que, aunque callado, nunca se rendirá.
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Juntos evitaremos que el tiempo se lleve lo nuestro.
Sra. Zoila Yepes QEPD. Comadrona del Pueblo de San Josè e Lata
Puente El Totumo - Lateros disfrutando después de un aguacero
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